Las emociones también tienen idioma
Muchos bilingües y biculturales afirman que se sienten diferentes según el idioma que hablan. Algunos dicen que son más formales en inglés, más expresivos en español, más reflexivos en francés o más directos en alemán. ¿Se trata solo de percepción… o hay una transformación real?
La respuesta, respaldada por estudios de psicología y lingüística, es clara: el idioma no solo comunica, también moldea la manera en que sentimos y reaccionamos. Ser bicultural implica moverse entre diferentes repertorios emocionales, donde el contexto y la lengua activan maneras distintas de conectar con uno mismo y con los demás.
Cada lengua, una forma de sentir
El lenguaje no es neutro. Las palabras que usamos para expresar emociones están cargadas de cultura, historia y normas sociales. Por eso, hay palabras emocionales intraducibles, como:
- “Saudade” (portugués): una mezcla de nostalgia, amor y melancolía por algo ausente.
- “Pena ajena” (español): vergüenza sentida por otra persona.
- “Forelsket” (noruego): la sensación embriagadora de estar enamorado al inicio.
- “Wabi-sabi” (japonés): la belleza de lo imperfecto y transitorio.
Cuando una emoción no tiene equivalente en el otro idioma, el hablante bicultural se enfrenta a un dilema: ¿cómo explico lo que siento si no existen las palabras para ello?
Este vacío lingüístico puede generar frustración, pero también creatividad. Muchas personas desarrollan estrategias como mezclar idiomas, usar metáforas, o simplemente “guardar” ciertas emociones en su idioma original.

¿Somos alguien distinto en cada idioma?
Estudios científicos han demostrado que los bilingües pueden modificar su conducta emocional y social según el idioma que usan. Por ejemplo:
- En inglés, tienden a ser más racionales y reservados.
- En español, más expresivos y corporales.
- En japonés, más atentos a la cortesía y el contexto social.
Esto no significa que estén actuando o fingiendo. Más bien, están activando patrones culturales integrados en la lengua. El cerebro bilingüe se adapta automáticamente a las normas emocionales que cada idioma conlleva.
Incluso se ha encontrado que los recuerdos se sienten distintos según el idioma en que se reviven. Un recuerdo vivido en español puede sentirse más emocional si se relata en ese idioma, pero más distante si se cuenta en inglés. El idioma, en este sentido, actúa como un puente (o filtro) entre la memoria y la emoción.
El idioma emocional: ¿en cuál sentimos más?
Cada persona bicultural suele tener un “idioma emocional preferido”. No siempre es el idioma materno. A veces es el idioma en el que se aprendió a amar, a sufrir, a discutir, a pedir ayuda. Ese idioma se vuelve más íntimo, más directo.
Por ejemplo, algunos pueden expresar su enojo más fácilmente en una lengua que no es la suya, porque se sienten menos expuestos. Otros prefieren usar su lengua de infancia para hablar de temas delicados o afectivos.
Este fenómeno demuestra que la relación entre lengua y emoción es única para cada persona y está mediada por la historia de vida, las experiencias y el contexto cultural.
Vivir entre emociones multilingües
Los biculturales no solo tienen acceso a más palabras, sino a más formas de sentir. Esta diversidad emocional puede ser desafiante, pero también profundamente enriquecedora. Permite:
- Comprender mejor las emociones de otros.
- Adaptarse a distintos entornos sin perder autenticidad.
- Tener mayor flexibilidad emocional.
- Elegir conscientemente cómo, cuándo y con quién usar cada idioma.
La capacidad de movernos entre repertorios emocionales es una habilidad poderosa, que nos conecta con más de una forma de ver el mundo… y de habitarlo desde el corazón.
Referencias :
- Pavlenko, A. (2005). Emotions and Multilingualism. Cambridge University Press.
- Dewaele, J. M. (2013). Emotions in Multiple Languages. Palgrave Macmillan.